jueves, 19 de febrero de 2009

De los riesgos y ventajas de la poderosa red social Tuenti (¿todavía no estás dentro?)

Hace poco leí en el Diario la Rioja que "el 20 por ciento del acoso escolar se traslada a Internet a través de las redes sociales". Parece ser, que protegidos por el anonimato, muchos jóvenes se dedican a reírse de sus compañeros a través de la red. Concretamente, mediante las redes sociales que, paradójicamente, pueden estar jugando un papel de destructoras del tejido social. Sustituyen las relaciones personales por el contacto vicario. No son un punto de encuentro entre personas, sino entre representaciones de personas. Autorretratos (técnicamente, perfiles) que se conocen y miden su grandeza o popularidad en visitas.

Prejuicios aparte, las redes sociales son un foco persistente de casos de violación de la intimidad de las personas. En este sentido, de nuevo en el Diario la Rioja, leí: "Dos colegios de Logroño descubren sendos casos de supuesta violación de la intimidad en Tuenti". Resulta que algunos "traviesos" decidieron sacarle fotos a un compañero, modificarlas hasta hacerlas ofensivas y subirlas a Tuenti acompañadas de comentarios hirientes. El poder de este tipo de páginas web es incalculable: las fotos de aquel chico se expandieron como llamas en un pajar.

Una nueva dimensión ha adquirido este problema con la tragedia de Marta del Castillo. Tuenti acusa a los medios de comunicación de difundir conversaciones y fotografías del gente del entorno de Marta, atentando así contra su intimidad. El fiscal del caso ha solicitado la eliminación de los perfiles de todos los menores implicados como medida de protección. En casos como este, la web social puede ser peligrosísima. La fascinación por el asesino pasa a ser aún peor: la fascinación por su escaparate (eso sí, accesible de forma sencilla y rápida desde cualquier parte del mundo).

No quiero decir con todo esto que las redes sociales sólo tengan aspectos negativos. Su objetivo, para lo que la gente las usa masivamente, es bien distinto: compartir información, fotos, audios, conocer gente que comparta tus aficiones, encontrar al amigo de un campamento... El peligro llega con la gente que, extasiada por el delirio de grandeza, colma su perfil de información valiosísima. Creo que incluso con más valor para delincuentes que para sus propios contactos. También conozco gente que dice haber visto el perfil de Zapatero y Rajoy; del Papa, de Obama y hasta de Bob Marley. Hemos perdido un poco el norte. Mejor vamos a jugar a las canicas.

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